viernes, 26 de mayo de 2017

La Responsabilidad de la Sociedad

En la última entrada que escribí hablamos de la responsabilidad de la víctima, y vimos cómo muchas veces la víctima no se hace cargo de sus problemas, por unas razones o por otras. En esta entrada vamos a ver más de cerca una de las razones por la que muchas víctimas se niegan a hacer terapia o no terminan nunca de encontrar la fórmula válida para ellos.

En pocas palabras, vamos a hablar de la responsabilidad que la sociedad tiene para con las víctimas.

Los abusos sexuales en la infancia provocan una serie de trastornos mentales, emocionales y físicos en las personas, que pueden llegar a dejarles inutilizados el resto de sus vidas. Afecta a todas las áreas de la vida de las personas y de múltiples formas. De hecho, afecta incluso en formas que todavía quedan por descubrir, puesto que aún hay muchas enfermedades y trastornos que no se consideran relacionados con los abusos por la comunidad científica-psicológica-médica, a pesar de que ya hay estudios que los vinculan, y millones de testimonios de víctimas que lo atestiguan. Ejemplos de esto serían la fibromialgia, el autismo o la esquizofrenia.

Yo soy psicóloga graduada en la UNED. La UNED es una de las universidades con mayor fama de duras de toda España. Muchas personas empiezan carreras aquí que nunca terminan, por el alto nivel de exigencia que te piden. Es una universidad referente en muchas cosas y que va a la vanguardia en muchas otras. Y, sin embargo, a lo largo de la carrera no vi ni una sola mención a los abusos sexuales en la infancia en ninguna asignatura. EN NINGUNA. Y sé bien que la UNED no es la única universidad donde esto ocurre.

Por supuesto, al mismo tiempo, tuve que aprobar asignaturas completamente inútiles, que ni me sirven a mí como psicóloga, ni le servirán nunca a ninguno de mis clientes, y mucho menos a los ASI.
La formación de posgraduado es igual. Hasta donde yo sé, en España solo hay un máster en maltrato infantil, que incluye los abusos sexuales. El resto de másteres tratan los abusos sexuales de forma tangencial.

Es decir, que, para formarte adecuadamente en abusos sexuales en la infancia, después de haber estudiado la carrera, estás obligado a estudiar el único máster que te forma, o bien hacer cursos, monográficos y módulos que hablen del tema, sin tener la seguridad de que la información sea fidedigna o esté actualizada. 

Sé muy bien que esto no ocurre solo en España. Es así en todo el mundo. A los psicólogos del mundo no nos forman para tratar a las víctimas de ASI. El abuso sexual no se trata, no se menciona, no aparece. No es de extrañar que después, cuando llega un ASI a terapia y explica que busca ayuda porque ha sido víctima de abusos sexuales en la infancia, el psicólogo se le quede mirando como si hubiera dicho: Vengo del planeta C42B91 a invadir tu planeta. A menudo he oído y he leído testimonios de víctimas que han tenido que oír auténticas barbaridades de sus psicólogos. Y esto aplica tanto a psicólogos en consulta privada como pública. Por supuesto, de los psiquiatras ni hablemos…

Y esto ocurre hasta el punto en que seguro que muchos psicólogos, -y muchos con título de psicólogo, también- se van a cebar conmigo por atreverme a afirmar que la esquizofrenia o el autismo están vinculados a los abusos sexuales en la infancia. Hasta ese punto llega su ignorancia. 

Recientemente ha llegado a mí una información según la cual la APA, American Psychology Association, que es la fuente de información a nivel mundial para psicólogos y psiquiatras, no sería más que un lobby, una herramienta para personas muy poderosas, que la usarían para mantener a la comunidad científica en la ignorancia con respecto a los efectos del trauma en el cerebro. Es cierto que cuando una persona está traumatizada es fácilmente sugestionable, y por lo tanto manipulable. Si consideramos que hay millones de personas traumatizadas en el planeta, por abusos sexuales, por violencias físicas, por eventos naturales o por guerras y conflictos armados, entenderemos que no es tan descabellado pensar que los poderosos del mundo puedan utilizar esta circunstancia para controlar a la población.

Eso explicaría por qué avanzamos tan despacio en todo lo relacionado con el psiquismo humano y el desarrollo de nuevas terapias. Explicaría también el auténtico acoso, difamación y calumnias que han tenido que sufrir expertos en trauma, como Francine Shapiro cuando creó la terapia fundamental para tratar el trauma, el EMDR. O el rechazo a la propuesta del doctor Van der Kolk y sus colegas de crear una nueva definición de un trastorno por trauma para la V edición del DSM.

El psiquiatra holandés Bessel Van der Kolk es desde los años 70 una referencia mundial en el tratamiento del trauma y del estrés postraumático. Fundador de su propia institución para el estudio y tratamiento del trauma, ha sido también profesor de psiquiatría en la universidad de medicina de Boston, ha publicado varios libros y artículos sobre el trauma y fue uno de los coordinadores del ensayo de campo sobre el Trastorno de Estrés Postraumático para la cuarta edición del DSM. Para la quinta edición propuso un nuevo trastorno llamado Developmental Trauma Disorder, Trastorno del Desarrollo por Trauma. Este nuevo concepto de trastorno explica al detalle el estado en que queda un niño después de haber sufrido un trauma, por abuso sexual o violencias, pero también por abandono, muerte de un ser querido, etc. Lo creó porque creía necesario un diagnóstico alternativo para agrupar todo el espectro de síntomas que padecen los niños que han estado expuestos a violencias.

Muchos de los criterios presentados para este trastorno forman parte de los síntomas que hemos visto que padecen las víctimas de ASI. Para su presentación, estos profesionales incluyeron datos de investigaciones de más de 200 000 niños de todo el mundo. Sin embargo, la negativa de la APA a publicarlo como un trastorno incluía que:

La noción de que las experiencias infantiles adversas llevan a sustanciales perturbaciones del desarrollo es más una intuición clínica que un hecho basado en investigaciones. Esta es una afirmación que se hace comúnmente pero que no está respaldada por estudios prospectivos.

Sea como sea, sí tengo claro que, en la APA y otras instituciones internacionales, como la Organización Mundial de la Salud o la ONU, existe una información sobre el efecto de trauma en las personas que no se comparte. Si los psicólogos no tienen acceso a esa información, no podrán saber cómo tratar a las personas para reprocesar sus traumas. El resultado de esto es que tendremos generaciones enteras con un porcentaje ingente de personas inutilizadas por el trauma.

Por supuesto, la psicología no es el único campo en el que la sociedad abandona a las víctimas, pero es el básico. Si no nos ayudan terapéuticamente, no podremos salir adelante.