martes, 1 de agosto de 2017

¡Nos mudamos!


¡Hola a tod@s!

Solo unas palabras para comunicaros que este blog ¡se muda!

A partir de ahora, si queréis seguirme, tendréis que hacerlo desde mi página web: www.saravalens.com


Veréis que tengo contenido nuevo, como mi podcast, que os invito a que escuchéis y a que lo compartáis si os gusta.

De momento comenzamos con una entrada nueva para el blog que puedes ver aquí: www.saravalens.com/blog

O con un podcast introductorio que podéis escuchar o descargar aquí:


Estoy muy emocionada con mi nuevo proyecto, que espero que os guste tanto como a mí, y en el que os invito a participar. 

¡Adelante con coraje!

Sara.

viernes, 26 de mayo de 2017

La Responsabilidad de la Sociedad

En la última entrada que escribí hablamos de la responsabilidad de la víctima, y vimos cómo muchas veces la víctima no se hace cargo de sus problemas, por unas razones o por otras. En esta entrada vamos a ver más de cerca una de las razones por la que muchas víctimas se niegan a hacer terapia o no terminan nunca de encontrar la fórmula válida para ellos.

En pocas palabras, vamos a hablar de la responsabilidad que la sociedad tiene para con las víctimas.

Los abusos sexuales en la infancia provocan una serie de trastornos mentales, emocionales y físicos en las personas, que pueden llegar a dejarles inutilizados el resto de sus vidas. Afecta a todas las áreas de la vida de las personas y de múltiples formas. De hecho, afecta incluso en formas que todavía quedan por descubrir, puesto que aún hay muchas enfermedades y trastornos que no se consideran relacionados con los abusos por la comunidad científica-psicológica-médica, a pesar de que ya hay estudios que los vinculan, y millones de testimonios de víctimas que lo atestiguan. Ejemplos de esto serían la fibromialgia, el autismo o la esquizofrenia.

Yo soy psicóloga graduada en la UNED. La UNED es una de las universidades con mayor fama de duras de toda España. Muchas personas empiezan carreras aquí que nunca terminan, por el alto nivel de exigencia que te piden. Es una universidad referente en muchas cosas y que va a la vanguardia en muchas otras. Y, sin embargo, a lo largo de la carrera no vi ni una sola mención a los abusos sexuales en la infancia en ninguna asignatura. EN NINGUNA. Y sé bien que la UNED no es la única universidad donde esto ocurre.

Por supuesto, al mismo tiempo, tuve que aprobar asignaturas completamente inútiles, que ni me sirven a mí como psicóloga, ni le servirán nunca a ninguno de mis clientes, y mucho menos a los ASI.
La formación de posgraduado es igual. Hasta donde yo sé, en España solo hay un máster en maltrato infantil, que incluye los abusos sexuales. El resto de másteres tratan los abusos sexuales de forma tangencial.

Es decir, que, para formarte adecuadamente en abusos sexuales en la infancia, después de haber estudiado la carrera, estás obligado a estudiar el único máster que te forma, o bien hacer cursos, monográficos y módulos que hablen del tema, sin tener la seguridad de que la información sea fidedigna o esté actualizada. 

Sé muy bien que esto no ocurre solo en España. Es así en todo el mundo. A los psicólogos del mundo no nos forman para tratar a las víctimas de ASI. El abuso sexual no se trata, no se menciona, no aparece. No es de extrañar que después, cuando llega un ASI a terapia y explica que busca ayuda porque ha sido víctima de abusos sexuales en la infancia, el psicólogo se le quede mirando como si hubiera dicho: Vengo del planeta C42B91 a invadir tu planeta. A menudo he oído y he leído testimonios de víctimas que han tenido que oír auténticas barbaridades de sus psicólogos. Y esto aplica tanto a psicólogos en consulta privada como pública. Por supuesto, de los psiquiatras ni hablemos…

Y esto ocurre hasta el punto en que seguro que muchos psicólogos, -y muchos con título de psicólogo, también- se van a cebar conmigo por atreverme a afirmar que la esquizofrenia o el autismo están vinculados a los abusos sexuales en la infancia. Hasta ese punto llega su ignorancia. 

Recientemente ha llegado a mí una información según la cual la APA, American Psychology Association, que es la fuente de información a nivel mundial para psicólogos y psiquiatras, no sería más que un lobby, una herramienta para personas muy poderosas, que la usarían para mantener a la comunidad científica en la ignorancia con respecto a los efectos del trauma en el cerebro. Es cierto que cuando una persona está traumatizada es fácilmente sugestionable, y por lo tanto manipulable. Si consideramos que hay millones de personas traumatizadas en el planeta, por abusos sexuales, por violencias físicas, por eventos naturales o por guerras y conflictos armados, entenderemos que no es tan descabellado pensar que los poderosos del mundo puedan utilizar esta circunstancia para controlar a la población.

Eso explicaría por qué avanzamos tan despacio en todo lo relacionado con el psiquismo humano y el desarrollo de nuevas terapias. Explicaría también el auténtico acoso, difamación y calumnias que han tenido que sufrir expertos en trauma, como Francine Shapiro cuando creó la terapia fundamental para tratar el trauma, el EMDR. O el rechazo a la propuesta del doctor Van der Kolk y sus colegas de crear una nueva definición de un trastorno por trauma para la V edición del DSM.

El psiquiatra holandés Bessel Van der Kolk es desde los años 70 una referencia mundial en el tratamiento del trauma y del estrés postraumático. Fundador de su propia institución para el estudio y tratamiento del trauma, ha sido también profesor de psiquiatría en la universidad de medicina de Boston, ha publicado varios libros y artículos sobre el trauma y fue uno de los coordinadores del ensayo de campo sobre el Trastorno de Estrés Postraumático para la cuarta edición del DSM. Para la quinta edición propuso un nuevo trastorno llamado Developmental Trauma Disorder, Trastorno del Desarrollo por Trauma. Este nuevo concepto de trastorno explica al detalle el estado en que queda un niño después de haber sufrido un trauma, por abuso sexual o violencias, pero también por abandono, muerte de un ser querido, etc. Lo creó porque creía necesario un diagnóstico alternativo para agrupar todo el espectro de síntomas que padecen los niños que han estado expuestos a violencias.

Muchos de los criterios presentados para este trastorno forman parte de los síntomas que hemos visto que padecen las víctimas de ASI. Para su presentación, estos profesionales incluyeron datos de investigaciones de más de 200 000 niños de todo el mundo. Sin embargo, la negativa de la APA a publicarlo como un trastorno incluía que:

La noción de que las experiencias infantiles adversas llevan a sustanciales perturbaciones del desarrollo es más una intuición clínica que un hecho basado en investigaciones. Esta es una afirmación que se hace comúnmente pero que no está respaldada por estudios prospectivos.

Sea como sea, sí tengo claro que, en la APA y otras instituciones internacionales, como la Organización Mundial de la Salud o la ONU, existe una información sobre el efecto de trauma en las personas que no se comparte. Si los psicólogos no tienen acceso a esa información, no podrán saber cómo tratar a las personas para reprocesar sus traumas. El resultado de esto es que tendremos generaciones enteras con un porcentaje ingente de personas inutilizadas por el trauma.

Por supuesto, la psicología no es el único campo en el que la sociedad abandona a las víctimas, pero es el básico. Si no nos ayudan terapéuticamente, no podremos salir adelante.   


martes, 3 de enero de 2017

La responsabilidad de la víctima

Desde hace tiempo leo algunos blogs de víctimas de ASI y foros donde participamos. En los últimos meses además he estado viendo muchos vídeos y documentales sobre historias de víctimas, y no solo de España, sino de diferentes países, donde uno tiene la oportunidad de oírles hablar a ellas mismos, hombres y mujeres, que ya son adultos, que pasaron por la terrible experiencia de los abusos.

Y a pesar de ser adultos, muchas de estas personas aún hablan como niños. A pesar de los años pasados, el trauma sigue intacto, y el dolor es el mismo que cuando sufrían los abusos. Y parece ser una característica que comparten víctimas de todo el mundo.

Esta entrada habla sobre la responsabilidad de la víctima. Y esto es algo que muchas víctimas comprenden muy bien, pero muchas otras no tanto. A muchas personas les parece extraño asociar las palabras responsabilidad y víctima, pero no imaginan hasta qué punto es necesario hacerlo.

Y antes de seguir, quiero explicar algo sobre mi caso, además de lo que ya se la leído en este blog, y de otras cosas sobre mí que he escrito en foros. Algunos ya conocen mi historia bastante bien, pero la mayoría no, por lo que me voy a “presentar”, porque necesito mostrarles que tengo autoridad moral de sobra para decir lo que digo.

El pederasta principal que abusó de mí fue mi padre. Comenzó a violarme a los 3 años (quizás antes, los testigos dicen que a los 3). Después comenzó a compartirme con otros hombres y terminó prostituyéndome. Yo he sido víctima de brutales violaciones por grupos de hombres increíblemente violentos, a los que mi padre cobraba e instigaba para que me torturaran mientras me violaban. Además, le he visto violar, torturar e incluso matar a otras personas. Como muchas víctimas de abusos, sufrí revictimización en el colegio, donde también abusaron de mí. No me vi libre de la violencia sexual hasta los 16 años, de la violencia física hasta casi los 30, y del acoso sexual hasta los 40.

Pero en mi edad adulta comprendí que mis trastornos mentales, causados por las violencias sufridas, eran mi responsabilidad; el comportamiento de mi padre es responsabilidad suya, el mío es responsabilidad mía. Cuando comprendí que me comportaba como una víctima y que atraía victimización y victimarios a mi vida me horroricé, e hice todo lo que pude para dejar de ser una víctima lo antes posible.

He de decir que no tenía muchos recursos, y que hacer una terapia era un lujo para mí. Pero insistí porque tenía mi objetivo muy claro. A lo largo de los años he tenido que sortear muchas dificultades, como muchas víctimas, pero nunca olvidé que yo y solo yo, era responsable de mi bienestar.

Ahora, cuando veo a un adulto de más de 40 hablando como un niño, llorando aún al recordar los abusos, no puedo dejar de preguntarme a qué está esperando esa persona para hacer una terapia que le ayude a reprocesar su trauma. Soy consciente de que algunas personas no tienen o no han tenido recursos para hacerlo. Una persona que tenga ahora 70 años, no ha tenido los recursos sociales -por ejemplo, psicólogos en la Seguridad Social- que mi generación sí ha tenido, pero sé de sobra que muchos otros tienen recursos de sobra y siguen sin hacerlo.

Seamos honestos, en la mayoría de casos no es una cuestión de recursos, es una cuestión de responsabilidad. Y en ese sentido podemos afirmar que muchos ASI son excesivamente irresponsables.

No es solo a ti mismo a quien dañas cuando decides no hacerte responsable de lo tuyo; dañas a todo tu entorno, sobre todo a los hijos. Una y otra vez vemos casos de víctimas que son hijos de mujeres que fueron víctimas a su vez y esto no es una casualidad. El trauma pasa de generación en generación, así como la victimización y la falta de recursos emocionales y psicológicos para resolver los problemas de la vida. Sin ir más lejos, el camino más directo a la depresión es criarse con una madre deprimida.

Me causa verdadero espanto oír a una mujer superviviente de abusos afirmar que sus hijos se relacionan con el pederasta que abusó de ellas, porque resulta que este forma parte de la familia, es decir, es el abuelo de los niños, o el tío, o etc. Este comportamiento solo es posible en una mente trastornada por los abusos. Una persona que piensa de forma lógica y lúcida no permitiría que sus hijos se acercaran a quien abusó de ellos, por más que este sea de la familia. Y este es el problema: una persona no puede pensar de forma lógica ni lúcida cuando lleva un trauma a cuestas. Decir que muchos ASI, aunque no se hayan tratado el trauma, esto lo tienen muy claro y no permiten que sus hijos se acerquen al pederasta.  

Hablarles de responsabilidad a las víctimas -de cualquier cosa, no solo de ASI-, genera sensación de culpabilidad en muchos de ellos. La culpabilidad es otro problema, porque muchos tienden a quedarse atascados en esa emoción y eso les paraliza, o les hace tomar decisiones equivocadas o apresuradas. Otros lo aprovechan en su favor para demonizar aquello que les ha provocado la culpabilidad y poder explotar así su rol de víctima. Pues ni lo uno ni lo otro. Esta entrada no pretende hacer sentir culpable a nadie, sino más bien infundir un sentimiento de compromiso para con nuestras propias vidas, que nos es muy necesario a las víctimas.

Otro gran problema que se encuentra en el camino de la responsabilidad es la creencia, ampliamente difundida entre los ASI, de que las secuelas duran toda la vida. A día de hoy ya podemos decir que esto es una gran mentira. Y ya sé que es algo que afirman incluso algunos psicólogos, pero es un grave error. Esta idea se basa en los resultados obtenidos con ASI usando terapias tradicionales, esto es, psicoterapia, terapia cognitivo-conductual y similares. Y sí, con estas terapias los resultados son pobres, en algunos casos nulos, o incluso contraproducentes. Pero por suerte, hoy contamos con terapias avanzadas que pueden hacer mucho por nosotros, y lo sé por propia experiencia. Yo no he eliminado todas mis secuelas aún al 100%, pero sí en un porcentaje muy alto y para mí es una cuestión de tiempo que acabaré con ellas. Porque, por supuesto, sigo en terapia.

La aceptación de la responsabilidad no es solo una cuestión de elegir la terapia adecuada, claro está, esto es solo un detalle más. Es un asunto que tiene más que ver con la valentía, con la comprensión de la situación personal presente y futura y con el deseo de encontrarse mejor.  

Dicho esto, y para ser justos, decir que la psicología actual está a años luz por detrás de la realidad social, es decir, no está preparada para tratarnos. Y lo sé bien porque soy psicóloga y sé que en la carrera no nos enseñan NADA sobre abusos sexuales. Por eso muchos ASI siguen mal aún después de años de terapia.


Pero esto es otro asunto que da para otra entrada, así que hablaremos de ello más adelante.  

domingo, 27 de noviembre de 2016

El caso De Gea-Muniain


Todo empezó con un artículo publicado por el periódico eldiario.es, el 10 de junio de este año 2016: Una testigo protegida implica a los futbolistas De Gea y Muniain en el caso del empresario porno Torbe.

Aquí tenemos a una mujer que presta testimonio ante la policía, afirmando ser víctima de la red de prostitución que dirigía el pornógrafo, pederasta y corrupto, Ignacio Allende Fernández, alias Torbe. La red de explotación sexual que dirigía (y dirige) Torbe no se diferencia de ninguna otra; chantajeaban a las víctimas haciéndoles fotos desnudas para después amenazarlas con publicar estas imágenes en internet o con mandarlas a su familia. A cambio, las víctimas tenían que someterse a todo tipo de encuentros sexuales a cambio de un poco de dinero o a cambio de nada. Trabajan a menudo con menores de edad y traen engañadas a muchachas de Ucrania, para explotarlas sexualmente aquí.

El testimonio de la testigo fue el punto de partida de la investigación que finalmente llevó a la cárcel a Torbe y a su socio ucraniano Borys Malynovskyi por los hechos mencionados. En su testimonio, la joven termina implicando en el caso a dos futbolistas: David de Gea, portero del Manchester United e Iker Muniain, delantero del Athletic de Bilbao.

Según el acta de su primera declaración, del 3 de junio de 2015:

“Torbe le manifestó que tenían que estar con los futbolistas, teniendo que acceder a todo lo que ellos quisieran y que cobrarían bastante dinero. Ante la negativa de TP3, Torbe la cogió fuertemente del brazo, no dejando réplica alguna, teniendo que acceder a realizar todo lo que ellos quisieran, manteniendo relaciones sexuales con la chica nueva y ella".
"Tanto la chica nueva como TP3 fueron abusadas sexualmente por parte de los chicos, ya que si se negaban eran agredidas físicamente por ambos, así como tras finalizar con los deseos sexuales de ambos futbolistas, [estos] profirieron amenazas para que todo lo sucedido en esa habitación de hotel nunca saliera a la luz. Ni TP3 ni la [otra] chica que estuvo en esa habitación cobraron nada por todas las agresiones físicas, sexuales... recibidas, llevándose todas las ganancias Torbe".

Según la Brigada Central contra la Trata de Seres Humanos de la Policía Nacional, el relato de la mujer y de otras dos testigos protegidas conllevan un "alto grado de credibilidad" y descartan "intereses que pudieran existir de desacreditar a las personas denunciadas por razones económicas o personales".

En seguida los acusados lo niegan todo y el propio Torbe pide comparecer ante el juez para dar su opinión y desmentir las acusaciones de las testigos protegidas, y todo el mundo le escucha. Mientras tanto, a pesar de que las víctimas (supuestamente protegidas) han pedido que retiren imágenes suyas de las webs administradas por Torbe, nadie las escucha y las imágenes siguen ahí.

Ante las acusaciones de los futbolistas a eldiario.es de estar inventándolo todo, este diario y otros muchos publican unos wasaps, que formaban parte del informe policial y judicial, que se habían intercambiado la víctima con De Gea y que prueban que no se están inventando nada.  

Siguen unas semanas de alboroto que no llevan a ninguna conclusión interesante, y se pierde la pista del caso hasta que el 19 de agosto la revista interviú publica un artículo con el que se da por cerrado, concluyendo que la culpable es la víctima, y los victimarios son inocentes, con un titular que rezaba “De Gea y Muniain, inocentes”.

El artículo explica la decisión de los jueces de una forma rápida pero contundente, aunque sin aportar ni una sola prueba. Primero dice que una de las razones para desestimar la declaración de la mujer es que no fue capaz de reconocer a los futbolistas hasta su segunda declaración meses después. Da la sensación de que quieran hacernos pensar que la chica no sabía siquiera quiénes eran los futbolistas, cuando los wasaps que se intercambiaron prueban que ella tenía el teléfono de él. ¿Tienes el teléfono de alguien a quien no conoces? ¿No serías capaz de reconocer a alguien cuyo número tienes en tu teléfono?

Otra de las supuestas razones para desestimar el caso es que la chica había contactado con, al menos, dos medios de comunicación para venderles la historia de que había tenido sexo consentido con futbolistas. De nuevo, si la chica quería venderles el caso a los medios, sería porque sabía que eran futbolistas, famosos, y que los conocía, por lo que sigue sin cuadrar que nos quieran hacer creer que no fue capaz de reconocerlos. Además, sorprende que, a pesar del evidente deseo de desacreditar a la víctima y de cerrar el caso, la revista no aporte ni una sola prueba de esos supuestos contactos de la chica con los medios.

¿Dónde queda el alegato de la Brigada contra la Trata de la Policía, según la cual descartan "intereses que pudieran existir de desacreditar a las personas denunciadas por razones económicas o personales"?

Por otro lado, si es verdad que la chica intentó contactar con medios, ¿por qué no lo dijeron desde el principio esos medios implicados? Pensando como un periodista, si alguien me contacta con un caso así y luego veo que eldiario.es saca esta noticia, yo saco mi propia noticia, con mis pruebas de que esta chica me ha contactado para venderme la historia, y me consigo un titular, porque un escándalo por abuso sexual de un famoso vende mucho, pero si tienes una prueba de que la víctima miente, entonces vende tres veces más. ¿Dónde están, pues, las conversaciones de la víctima con los medios? ¿No hay mails? ¿Ni wasaps? ¿ni una mísera llamada de teléfono grabada? ¿Nada?

Siendo lógicos, si un medio de comunicación de los que venden carnaza hubiera sido contactado por una mujer con un escándalo sexual de unos futbolistas, teniendo incluso pruebas (wasaps) de conocerlos, no hubiera dejado escapar el notición y lo hubieran publicado sin dudar porque, como digo, eso vende mucho, y porque todos sabemos que hay medios de comunicación carroñeros que viven de este tipo de basura.

De hecho, Interviú es uno de ellos…

Estos casos son filones para los medios y, sin embargo, Interviú no presenta ni una sola prueba de que esos contactos entre la víctima y la prensa sean auténticos. Viendo que la intención de Interviú (o de quienes le mueven los hilos a Interviú) es muy claramente la de desacreditar a la víctima, creo que no hubieran dudado ni un momento en publicar lo que sea que tuvieran, para darle más peso a sus argumentos.

En cualquier caso, Interviú no sería el medio más adecuado para juzgar la credibilidad de nadie, aunque estén citando las supuestas palabras del juez; un medio de comunicación que se nutre de portadas de mujeres desnudas, para mí tiene la misma credibilidad y seriedad informativa que Playboy. Interviú tiene un histórico de denuncias de mujeres cuyas fotos han sido publicadas sin haber dado previamente su permiso. Porque no todos los desnudos que vemos en su portada son legales, ni consentidos. Vamos, que no son el mejor ejemplo de ética, ni de respeto hacia las mujeres que podamos encontrar.

Lógicamente, si el testimonio de esta mujer no fuera creíble de verdad, lo primero que harían el abogado de Torbe y el propio Torbe, sería exigir que le sacaran de la cárcel, puesto que fue ese testimonio lo que hizo que le encerraran en la cárcel. Si este testimonio ya no es creíble, no es creíble para ninguno de los implicados. Y efectivamente, el abogado de Torbe exigió que le sacaran de la cárcel inmediatamente, pero le ignoraron y Torbe siguió en prisión.



¿No hay demasiadas cosas que no cuadran en este caso? ¿Tendrá algo que ver el hecho de que los implicados sean futbolistas de primera? ¿Habríamos llegado a la misma conclusión de ser estos sencillos trabajadores? El fútbol es una de las mayores empresas en España, dirigida por unos empresarios con mucho poder y muy poca vergüenza y con unos jugadores que se creen dioses, pero que, desgraciadamente, tienen razones para creérselo. Cuando a un niñato sin educación y sin escrúpulos le das dinero a espuertas y le muestras que puede hacer lo que quiera, que nunca pagará las consecuencias de sus actos, en breve les tendrás cometiendo atropellos y delitos de todo tipo, cuyo volumen e impacto irá en aumento a medida que vayan entendiendo que son inmunes a la justicia, que ellos son intocables y, lo que es peor, imparables.  





Fuentes:




Otros vínculos interesantes:




domingo, 16 de octubre de 2016

La pederastia y el cine I

Voy a empezar pidiendo disculpas a mis seguidores por todo el tiempo que he pasado sin escribir. Yo también soy ASI y no siempre encuentro el impulso necesario para escribir sobre abusos sexuales.

Esta entrada será la primera de una serie en la que voy a vincular la pederastia y el cine. En realidad, es la segunda, porque ya abrí la veda con una entrada sobre la última película de Amenabar que puedes leer aquí.

Pero es que el tema da para mucho, y aunque no soy cinéfila, veo películas y series como todo el mundo, y como psicóloga entiendo la gran influencia que los productos televisivos o de cine tienen sobre la población. Entiendo también que no es neutro contar una historia (real o ficticia) de una forma o de otra; que el sentido de la ética no está reñido con hacer buen cine y que las películas y series pueden ser educativas o embrutecedoras, según se gestionen en un sentido o en el otro.

Y es que en el mundo del cine hay muchos pederastas. Digamos que en el mundo del cine hay muchos sinvergüenzas en general, que se aprovechan de la ambición artística de algunos y algunas. Pero además también hay pederastas y colegas de pederastas, y no se cortan un pelo en contar la historia como más les interesa a ellos y a sus colegas, otros pederastas.

Huelga decir que hay un exceso de violencia sexual en el cine y la televisión. Esto, de por sí, ya es suficientemente incómodo e innecesario, pero, además, desde hace años, parece que no haya límites tampoco para la violencia sexual en la infancia. Y eso, además, es intolerable.

Hoy me voy a quedar en casa y voy a hablar de un director de cine español: Pedro Almodóvar.

Empecemos con una entrevista para el país que dio en el 2004, tras el estreno de La Mala Educación. En la entrevista afirma que:
"Tenía un miedo excesivo porque es difícil rodar los abusos sexuales sin caer en lo mismo que estás denunciando. Yo opté por ponerlo fuera de foco, no verlo, pero sí darle al espectador los datos suficientes de lo que está ocurriendo. No me podía permitir que el niño sintiera la menor violencia, que ningún dedo le tocara".

En estas palabras y en otros párrafos de la entrevista parece que el director sienta auténtica empatía por las víctimas de violencia sexual y de abusos y, de hecho, que hiciera esta película hizo que cayera simpático a muchas víctimas de ASI, por haber hablado de los abusos con tanto cuidado.

También en una entrevista en El Mundo afirmó que, aunque no es autobiográfica se trata de su filme más personal y en el que está "representado por entero", y que "Mi corazón está todo ahí".

Sin embargo, lo último que yo diría de esta persona es que siente empatía por las víctimas, y me baso en su propio comportamiento y en lo que expresa en sus películas.

Recordemos que, cuando Polansky fue detenido en octubre de 2009 en Zúrich, por abusos sexuales a una menor, se generó un movimiento en su apoyo, al que se unieron varios directores de cine, incluyendo Almodóvar. No puedes dar a entender que comprendes la problemática de los abusos un día, y ponerte de parte de un pederasta al día siguiente.

Cuando le recriminaron a Almodóvar que apoyara a un pederasta, en su defensa, entre otras cosas, el director afirmó que “hay que destacar que la víctima de tales abusos pidió hace años que se le retiraran los cargos.” Ante lo que debo decir que da igual que la víctima retirara los cargos; los hechos sucedieron, y el propio Polansky los admitió. Si no se le juzgó fue porque huyó a Francia, donde vive desde entonces.

Las víctimas de abusos puede estar sufriendo una dependencia emocional del pederasta, lo que puede hacer que no denuncien o que retiren la denuncia. Puede ser también que la denuncia le haya traído más problemas que beneficios, y por eso al final decida retirar los cargos, como le ocurrió a Samantha Geimer. Una de las cosas que más defiendo, es que la investigación continúe, aunque la víctima retire los cargos. Como explico en la entrada El Comportamiento de las víctimas de ASI, la víctima puede retractarse, aunque los hechos sean verdad.

Con respecto a su trabajo, el cine de este director está plagado de un tipo de imágenes sexuales que en muchos casos resultan agresivas o desagradables y a menudo trivializa la violación y los abusos sexuales. En su película Los Abrazos Rotos, la concejala que interpreta Carmen Machi comienza su gran alegato pro-pederastia diciendo que con cuatro años ya se interesaba por “los paquetes” de los hombres, y que los tocaba solo levantando la mano. Continúa diciendo que los hombres de su entorno “entre los cuales, por desgracia, no había ningún pederasta” comenzaron a rehuirla a causa de eso.

Curiosamente es el tipo de argumento que utilizaría cualquier pederasta, que los niños (y sobre todo las niñas) provocan a los adultos. Muchos lo entenderán como una broma sin importancia. Los que abogamos por la justicia hacia las víctimas de abusos lo vemos como un alegato que roza la justificación a la pederastia. Y si fuera la única escena "incómoda" que hubiera en su cine, no pasaría gran cosa. Por desgracia no lo es.

Especialmente delicado es el interrogatorio de Andrea Caracortada tras la violación de Kika, en la película homónima: “¿Cuántas veces se corrió él? Y usted, ¿llegó también al orgasmo?” Aunque este tipo de escenas tienen más que ver con la misoginia profunda que también caracteriza al director, sigue sin haber nada de empático en ellas.

Decir que el orgasmo es una reacción automática del cuerpo que las víctimas de violación pueden llegar a experimentar en contra de su voluntad, y que eso les marca para el resto de sus vidas en el área sexual. No vale hacer bromas de cualquier cosa, ni vale tomarse a la ligera cosas tan serias.


Y a pesar de que afirma que no él no fue víctima, sus obras están empapadas de victimización y muestran un desequilibrio psicológico notable. Lo que ve el espectador en sus películas no es la genialidad de un creador, sino el trastorno psicológico de una persona con problemas emocionales. Y esto ocurre muy a menudo con lo que la gente llama “arte”, cine, música, etc., donde encontramos a muchos ASI. En algunas de las películas de Almodóvar (de las que solo he visto trozos, lo reconozco, porque me parecen infumables) yo he visto rasgos que he visto en muchas víctimas de abusos. Este hombre no retrata la oscuridad y negrura del ser humano, como afirma él, retrata su propia podredumbre moral y su gran desequilibrio emocional. Y mucha misoginia. 

domingo, 26 de junio de 2016

Por la dignidad de Lolita

El libro titulado Lolita, de Vladimir Nobokov es una agresión a la infancia. Es una obra pederasta que ha servido durante generaciones para alimentar el morbo pederasta.
A mí me gustaría que entre todos le devolviéramos a Lolita su dignidad perdida, y aporto esta entrada para ayudar a crear conciencia de cómo el ideario pederasta empapa la sociedad; de cómo lo fomentamos entre todos, y de cómo podemos empezar a cambiarlo:  

Solo con la elección del título del libro, Lolita, se consigue un doble objetivo: centrar la atención en la víctima, en su comportamiento, en su personalidad, en lo que hace y dice; y, al mismo tiempo, hacer desaparecer al victimario, como si la situación de la víctima fuera un hecho casual, un hecho de la vida, irremediable, o incluso que la propia víctima ha elegido. Es el tipo de tratamiento que reciben también el hombre prostituidor (cliente) y la mujer prostituida, o bien proxeneta y mujer prostituida. Se insiste en visibilizar a la víctima, a la persona que está siendo explotada, intentado ocultar la realidad, es decir, que si existen estos tipos de explotación de seres humanos, prostitución y pederastia, es porque hay un demandante que hace que esto sea posible, y que se perpetúe a lo largo de la historia. La invisibilidad de los agresores es importante para ellos, porque les ayuda a pasar la culpa a la víctima, y es algo en lo que toda la sociedad participa.

Elegir el nombre de una muchacha, una menor, y ponerlo en diminutivo, es un atractor de pederastas. Es una llamada, (hecha a propósito, me temo), que atraiga lectores y, por lo tanto, publicidad, ventas, la siembra del mensaje pederasta. Porque la pederastia vende. Y este es el auténtico problema subyacente. Aquello con lo que se queda el lector de Lolita, es el morbo de la pederastia, porque una parte de la sociedad es pederasta en lo más profundo. El hecho de que el protagonista de verdad sea un pederasta, y que sus argumentos revuelvan las tripas, es accesorio, es algo que el lector pasa por alto. De la misma forma que la sociedad entera lo pasa por alto.

Es difícil pensar como un pederasta, si no eres un pederasta tú mismo. De ahí que muchos consideremos al propio Nabokov, autor del libro, un presunto pederasta. El autor no entra en el carácter del personaje de Humbert, como muchos escritores lo hacen con sus personajes. No es una descripción superficial del psiquismo ajeno, sino más bien una descripción de un deseo personal. El del escritor mismo. Todos sus argumentos son típicos de pederastas; pretende comparar un amor de verano entre dos adolescentes, con el impulso pederasta; babea en torno a la idea de abusar de una adolescente en cada párrafo; y por supuesto, como todos los pederastas y violadores, intenta culpar a la menor de lo que solo es su responsabilidad: pequeño demonio mortífero entre el común de las niñas.

También vemos rastros del ideario pederasta por toda la obra.
Primero en las argumentaciones:
Y pronto me encontré madurando en una civilización que permite a un hombre de veinticinco años cortejar a una muchacha de dieciséis, pero no a una niña de doce; en Inglaterra, durante la aprobación del Acta de Niños y Jóvenes en 1933, se definió el término «niña» como «criatura que tiene más de ocho años, pero menos de catorce» (después de lo cual, desde los catorce años hasta los diecisiete, la definición estatuida es «joven»); El matrimonio antes de la pubertad no es raro, aun en nuestros días, en algunas provincias de la India oriental. Después de todo, Dante se enamoró perdidamente de su Beatriz cuando tenía ella nueve años, (...) Y cuando Petrarca se enamoró locamente de su Laura, ella era una nínfula rubia de doce años.

Después, en las acciones del protagonista:
Tiene relaciones sexuales con adultas, pero no le satisfacen: Dejadlas jugar en torno a mí para siempre. ¡Y que nunca crezcan!
Describe sin tapujos cómo se acuesta con niñas prostituidas.
Decide casarse para camuflarse, como hacen muchos pederastas: lo cierto es que poco después, por mi propia seguridad, resolví casarme. Y él mismo reconoce que solo quiere una esposa para posar en la foto: Aunque me dijera a mí mismo que sólo buscaba una presencia que sirviera de blanco para mis tiros, un pot-au-feu superlativo. con ayuda de Valeria encontraba, después de todo, ciertos desahogos legales para mi fantástica tendencia.

A mí personalmente, me resulta muy difícil no concluir que el propio autor del libro también se casó para camuflarse. Muchas de las esposas de los pederastas saben lo que hacen sus maridos y se lo consienten. Son las cómplices perfectas.

Cualquiera que haya leído, aunque sea un párrafo del libro siente la pederastia que lo empapa. Por eso resulta ofensivo que al final, lo que quede para la historia, sea la figura de la menor, la víctima, como un ser provocador, que lo va buscando, hasta el punto en que en la sociedad existe el término Lolita, para describir despectivamente al tipo de adolescente que los pederastas desean. Incluso las personas no pederastas han adoptado el término sin rechistar, porque también creen que existen, que hay menores que seducen a adultos, sin haberse parado a pensar lo que tiene eso de cierto.

Sin embargo, no se nos ocurre clasificar el comportamiento de los hombres como Humbert. Hay un término despectivo concreto para denominar a la víctima, pero no lo hay para el agresor. De nuevo invisibilizamos al agresor, centrando la atención -y la culpa- en la víctima. Y yo me pregunto: ¿Por qué no llamamos a los hombres de comportamiento pederasta o irrespetuoso con las adolescentes, vulgares Humberts, o vulgares Nobokovs? ¿Por qué no se ha convertido esto ya en un símbolo de lo que tenemos que erradicar de nuestro planeta?

Quizás podamos empezar por ahí.



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domingo, 17 de abril de 2016

El caso Maristas

Voy con poco de retraso, pero quisiera hablar del artículo sobre el caso de pederastia descubierto en la orden religiosa de los Maristas de Barcelona, publicado en El Periódico del 14 de febrero.

Empezar diciendo que a pesar de la crítica que voy a hacer agradezco al periódico la cobertura que le ha dado al caso y por el trabajo de investigación que han hecho. Parece que fue el propio periódico el que consiguió la confesión del primer pederasta detenido, Joaquín Benítez.

Recalcar también que el artículo se basa exclusivamente en la pederastia en los colegios, o en general, fuera de casa, lo que supone solo la punta del iceberg de la problemática. Casi nada de lo que se dice en el artículo y, por ende, casi nada de lo que se dice sobre los abusos en general en los medios, se puede aplicar a la mayoría de los casos, puesto que la mayoría de los casos ocurren en el hogar, y el pederasta suele ser el padre, el hermano, el primo, el tío, el abuelo, o lo mismo, pero en femenino (que ellas también abusan).

Dicho esto, comencemos. Y empezaré por el título porque a pesar de agradecer que se hable de ello, no todo vale. El título reza así: “Niño informado, niño protegido.” Este título es engañoso. Es absolutamente falso que un niño informado esté protegido contra el abuso sexual. Sería como afirmar que las mujeres están protegidas contra la violación solo porque están informadas sobre lo que es, y sobre cómo actúa el violador. Y eso teniendo en cuenta que una mujer adulta por lo menos tiene una posibilidad de defenderse, no así el menor. Afirmar una cosa así es ser un ingenuo, o bien no saber de lo que hablamos.

Una parte del artículo ahonda en esta creencia, y es algo que me molesta porque va en la línea de responsabilizar al niño de lo que le ocurra, al igual que se responsabiliza (y se culpa) a las víctimas de violación por haber sido violadas. Como el niño está informado ya no tiene excusa y a partir de ahí es su responsabilidad si le ocurre algo. Ya ven a donde llegaremos si continuamos por ahí. Considero que es mejor atajar cuanto antes esta línea de pensamiento; los únicos responsables de lo que les ocurra a los niños son los adultos, padres, profesores y otros. Y no ha lugar para responsabilizar a los menores de ser víctimas.

El artículo empieza explicando que si los padres no creen al niño cuando les habla de estar sufriendo abusos, agravarán el problema, y esto es totalmente cierto. Algo al respecto se puede ver en otra entrada.

Después afirma que depende de los padres que el niño sepa distinguir si una persona tiene malas intenciones o no. Y es cierto que cuando un niño tiene apoyo en casa, cuando tiene padres responsables, tiene una autoestima y una lucidez que le permiten protegerse mejor, pero obvian que precisamente estos niños más fuertes en autoestima no suelen ser el objetivo de los pederastas. Pocas veces el pederasta elige a un niño seguro de sí mismo para agredirle. De hecho, ningún agresor sexual -violadores, sobre todo- elige a una persona que no tenga actitud de víctima. Al contrario, eligen a sus víctimas entre los más vulnerables, los tímidos, los excluidos y los que no tienen apoyo en casa. Aunque en el caso de una secta peligrosa tan bien organizada como los Maristas esto se obvia, porque el abuso y el silencio cómplice al respecto están tan extendidos, y la ley del silencio tan bien implantada, que los pederastas traspasan todos los límites, y hacen de cualquier niño una víctima, y de cualquier escenario una oportunidad para el abuso. Por ejemplo, una de las víctimas de las que hablo en esta entrada relata que un profesor le tocaba las nalgas delante de toda la clase…

Siguiendo en la misma línea, la psicoanalista entrevistada por el periódico explica que el niño “Sabe que cuando él está en el lavabo, nadie entra sin llamar porque es un espacio reservado.” Esta mujer, como mucho otros, dan por sentado que todos los padres del mundo respetan el espacio privado de los niños, o que, en general, los adultos respetan a los niños, cuando creo que ya todo el mundo entiende que esto no es así. La pura realidad es que no debe sorprendernos que los niños permitan inconscientemente que terceras personas sobrepasen los límites sobre su intimidad o sus cuerpos; es a lo que están acostumbrados. Ejemplo sencillo: culturalmente, muchos entienden que un adulto puede abrazar y besar a un niño o niña sin su permiso, solo porque son niños. Y la mayoría de padres lo consienten. Un niño que se cría en casa sin saber que hay límites, o respeto, no aprende a decir que no, y eso va por la mayoría de los menores.

La misma psicoterapeuta habla de otra actitud, harto pueril, que por desgracia parece que comparten bastantes terapeutas, y es la de ir a enfrentar al pederasta adulto, una vez que el menor nos ha contado lo que ocurre. Save the Children aconseja precisamente lo contrario, no adoptar nunca la actitud de ir a “hablar con el agresor”. No sé cuántas asociaciones más, o expertos, estarán de acuerdo con esto, pero creo que cualquier persona que tenga dos dedos de frente entiende el peligro que entraña enfrentarse a un agresor sexual, y la inutilidad del hecho en sí: no conseguirás absolutamente nada “hablando” con un pederasta.

Con respecto a los abusos en concreto, este es un caso típico de pederastia institucionalizada. En los Maristas, como en muchas otras instituciones, religiosas o no, los abusos se dan durante décadas sin que nadie haga nada. A los pederastas les da tiempo incluso a morirse; entre los denunciados hay uno que ya falleció…

Con respecto al número de pederastas, de momento se ha denunciado a 11 hombres; otra de las características del abuso institucionalizado: que siempre hay más de uno. Ya sabemos que los pederastas buscan oficios que les permitan estar cerca de los niños y tener poder sobre ellos, pero es que además se organizan muy bien y se protegen entre ellos, como las bandas terroristas, o las mafias más peligrosas. Por cierto, les apuesto lo que quieran a que ninguno de ellos pisará la cárcel.

En el caso de los Maristas, ni siquiera cuando ya había confesiones de pederastas, el colegio quiso colaborar con la justicia. Muy al contrario, siguen siendo cómplices, lo que no sorprende cuando descubrimos que uno de los sospechosos de abusos era el subdirector, hoy cesado.

Todas estas, como ven, son características de bandas criminales muy bien organizadas.

Pasemos a las víctimas: leyendo sus testimonios se comprende fácilmente cómo es posible que los abusos duren décadas. La mayoría nunca dijeron nada, aun sabiendo o sospechando que había otras víctimas. No culpo a las víctimas de no hablar; comprendo perfectamente por qué no pueden, aunque haya casos sangrantes: tenemos el caso de una mujer que estudio allí durante los años 70, y que más tarde trabajó en el mismo colegio como profesora, codo con codo con el hombre que abusó de ella. Por el comportamiento de uno de sus alumnos, sospechó que algo podía seguir pasando, pero tampoco entonces hizo nada, a pesar de ser ya adulta. Ahora que todo se ha descubierto, anima a su alumno a que denuncie. Es decir, anima al muchacho a que haga lo que ella no se atrevió a hacer.

El artículo sigue: Jaume Funes, psicólogo y educador da su opinión al respecto. Explica que “intentar evitar que suceda (el abuso) tiene que ver con la selección de los maestros.” Pero a continuación aclara: “No se trata de pedir un certificado de penales.” A lo que yo respondo ¡¿Y por qué no?! Está claro que la mayoría de los pederastas no han estado detenidos ni denunciados y que no tienen antecedentes, pero es un buen comienzo. Otra solución, factible e inevitable con el tiempo, será la de poner sistemas de vigilancia en los colegios y centros infantiles de todo tipo, idea de la que ya hablé en otra entrada.

El psicólogo continúa: “Se trata de que la clase no sea asunto de un solo profesor sino de un equipo que comparte, se corrige y se ayuda.” Habla también de diálogo entre familia y escuela. También mi colega peca de pueril: los pederastas en colegios (y en casa) no suelen actuar solos, y el caso Maristas es un ejemplo perfecto. Hay que ser muy inocente para ofrecer como solución al problema un simple trabajo en equipo cuando la mitad de los componentes del equipo pueden estar implicados. Y más dentro de un artículo donde precisamente nos están explicando que eran (y son aún) una mafia, que actuaban cubriéndose unos a otros, y que incluso ante las peticiones de la policía siguen encubriéndose y desafiando a la ley y las víctimas con actitud chulesca. Con respecto a la cooperación entre familia y escuela que menciona, una lectora del periódico escribió explicando que ellos denunciaron el caso en el 2011 y que otros padres de alumnos les increpaban cuando se manifestaban a la puerta del colegio para exigir justicia. Estoy de acuerdo en que esto solo lo arreglamos entre todos, solo que parezco ser la única que se da cuenta de que precisamente ese es el eje del problema, que se necesita de todos…

Después sigue el psicólogo diciendo que los profesores deberían darle menos importancia a las notas, y mucha más a la afectividad de los alumnos, y así podrían darse cuenta de cuándo un niño tiene problemas. Explica que “desearíamos que estuviera en manos de un educador que se pregunta por qué desde hace días tiene una cara de tristeza permanente.” Volviendo al caso de la profesora-ex alumna, eso es justo lo que ella relata que vio en su alumno. Ella misma confiesa que se dio cuenta de que un alumno suyo tenía problemas, y aunque preguntó a su alrededor, no explica que se acercara nunca a hablar con él.

Lamento decirle a mi colega psicólogo, y a todos los inocentes que crean que con un parche esto se arregla, que nos va a hacer falta algo más que tener perspicacia suficiente como para darnos cuenta de cuándo a un niño le pasa algo, para poder solucionar este problema humano de nivel global.

Remata nuestro amigo diciendo que el alumno debe sentirse con libertad para explicar lo que le está pasando: “Necesitamos crear las condiciones para que le sea fácil explicarlo”. Eso me recuerda una vez que pedí ayuda a una profesora para explicarle que unos compañeros de clase me acababan de violar. La profesora hizo lo que hacen normalmente los profesores y otros adultos en una situación así: pasar el balón. Me dijo que me fuera a contárselo a otra persona, en este caso a mi madre. Mi madre, recordemos, era la cómplice de los abusos de mi padre…

Vamos al grano: el mayor impedimento para terminar con los abusos sexuales en la infancia es la cobardía humana. Porque no hablamos de miedo, ni hablamos de tabú, hablamos de cobardía. Los adultos no quieren hacerse responsables de lo que conlleva proteger a un menor de un pederasta. Por eso hay tantos millones de madres que saben y callan. De la misma forma que saben y callan los profesores, los directores de las escuelas, los médicos, los psicólogos, los educadores infantiles, los asistentes sociales… los adultos, en definitiva, con lo que la conclusión final siempre es la misma: Los niños están solos.

Hasta que esto no nos quede claro no podremos atajar el problema de raíz, y cualquier intento de solucionarlo será solo un parche.


Joaquín Benítez, el pederasta confeso denunciado en los Maristas expresaba también su asombro sobre cómo habían salido las cosas: “Pensé que vendrían antes a por mí.” Ni los propios pederastas se pueden creer que el sistema funcione tan mal… 



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